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Muchas veces siento estrés y ansiedad antes de hacer un artículo o video.

Quiero hacerlo bien, quiero que le guste a los demás y no hacer algo que quede así porque sí en el olvido.

Siento estrés y ansiedad cuando pienso en mi futuro, en qué será de mí, qué tan lejos llegaré, dónde estaré de aquí a 5 años… cómo me irá.

Me siento así cuando pienso en qué pasaría si me pasa algo, si tengo que ir al doctor y no tengo dinero para cubrir los gastos que necesite.

Siento estrés y ansiedad, siento preocupación por un montón de cosas… y todas, bueno casi todas, están solo en mi cabeza.

Si te pasa lo mismo, te doy la bienvenida a una de las “enfermedades” más pendejas del siglo XXI.

Es jodido.

Antes eras un cavernícola y el estrés era fundamental para la vida… la típica reacción de lucha o huida.

Pero ahora es distinto, nos estresamos por todo. Y la mayoría de veces por cosas que no tienen tanta importancia o que solo existen en nuestra cabeza.

Muchas veces no hacemos ni si quiera algo al respecto. Dejamos que el estrés nos absorba, dejamos que se acumule con cada cosa que nos pasa o creemos que nos puede pasar y esto hace que se vuelva crónico.

Buscamos una especie de adicción para calmarlo, después de un largo día o de hacer algo urgente por ejemplo, comemos algo rico, fumamos, bebemos, vemos tele, nos “relajamos”. Peor aún, lo hacemos sin si quiera haber hecho nada (teniendo que haberlo hecho) solo como excusa irracional y dejamos lo estresante para después, procrastinamos.

Nuestra mente preocupada gira continuamente una y otra vez trazando la interminable curva melodramática en tono menor en la que un conjunto de preocupaciones nos conduce al siguiente y vuelve otra vez atrás.

La Preocupación, la causante del estrés

La preocupación es cuando realizamos un ensayo mental de lo que podría salir mal y pensamos en cómo enfrentarnos a ello.

La tarea de esta es obtener soluciones positivas respecto a los peligros de la vida anticipándose a los riesgos antes de que surjan.

El inconveniente comienza con las preocupaciones crónicas y repetitivas, el tipo de preocupaciones que vuelve a surgir una y otra vez y nunca llevan a una solución positiva.

Si llegan a este punto, las preocupaciones parecen salir de la nada, son incontrolables, generan un murmullo de ansiedad, esquivan la razón y nos bloquean en un único e inflexible punto de vista acerca del tema que nos preocupa.

Cuando este ciclo de preocupación se intensifica y persiste, se vuelve más confusa la línea que lo separa de auténticos asaltos nerviosos, trastornos de la ansiedad como las fobias, las obsesiones y los ataques de pánico.

Ahí si tendremos que conseguir ayuda de un psicoloco… psicólogo.

Pero hay solución

El primer paso es tener conciencia de uno mismo, captar los episodios inquietantes lo más pronto posible, idealmente en cuanto la fugaz imagen catastrófica dispara el ciclo preocupación-ansiedad-estrés.

Con la práctica, puedes identificar las preocupaciones cada vez más pronto.

También, puedes aplicar métodos de relajación en el momento en que te das cuenta de que comienza el estrés, como ser consciente de tu forma de respirar y hacerla más lenta y prolongada, escuchar música que te calme, practicar la meditación.

Sin embargo, los métodos de relajación por sí solos no son suficientes.

Si te estresas y preocupas de manera constante entonces necesitas también desafiar activamente esos pensamientos inquietantes; si no lo haces, la espiral de la preocupación vuelve a comenzar. Así, el siguiente paso consiste en adoptar una postura crítica respecto a tus suposiciones.

Pregúntate:

¿Qué tan probable es que el acontecimiento que temes realmente se produzca?

¿Se trata necesariamente de que solo hay una o ninguna alternativa de permitir que ocurra?

¿Existen pasos constructivos que pueda dar?

¿Realmente sirve de algo volver sobre estos mismos pensamientos ansiosos una y otra vez?

Sé consciente y piensa de forma racional.

Esta combinación de conciencia y escepticismo sano debe actuar como freno.

Generar constantemente estos pensamientos e inducir activamente un estado relajado contrarresta las señales de estrés y ansiedad que tu cerebro emocional envía a todo tu cuerpo.

Cuando permites que una preocupación se repita una y otra vez sin desafiarla, aumenta su poder de persuasión en ti. Al desafiarla contemplando una gama de puntos de vista igualmente plausibles, impides que esa preocupación sea tomada ingenuamente como verdad.

Incluso algunas personas cuya preocupación es lo suficientemente seria como para recibir un diagnóstico psiquiátrico han sido liberadas de esa forma del hábito de la preocupación.

Recuerda que el estrés y la preocupación no son del todo malos, solo lo son cuando se vuelven repetitivos, irracionales, se intensifican y acumulan.

Pero muchas veces los necesitamos para ponernos las pilas y hacer lo que tenemos que hacer, para actuar.

Espero haberte ayudado con este artículo y logres controlar mejor tu estrés y calmar la ansiedad antes de que empeore.

 

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Por |2017-11-03T21:34:32+00:009 de noviembre del 2017|Emociones|2 Comentarios